NDC México
La tercera Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC 3.0) de México se presenta en un momento clave para la acción climática internacional, tras la conclusión del primer Balance Global bajo el Acuerdo de París y en un contexto de creciente presión para alinear las trayectorias nacionales con el objetivo de 1.5 °C. En este marco, el documento busca consolidar el compromiso del país con la neutralidad de carbono a mediados de siglo, incorporando ajustes relevantes en su enfoque metodológico y en la estructura de sus metas.
Uno de los avances más significativos es la transición hacia objetivos de emisiones en términos absolutos al 2035, lo que fortalece la transparencia y comparabilidad del compromiso climático de México. Asimismo, la NDC articula una narrativa centrada en la transición justa, la adaptación como eje estratégico y la necesidad de un entorno habilitador que permita movilizar financiamiento e inversión hacia la descarbonización de la economía.
No obstante, el documento presenta tensiones entre el diseño de sus metas y las condiciones estructurales para su implementación. Si bien se proyecta una trayectoria compatible con la neutralidad de carbono hacia 2050, persisten contradicciones entre los objetivos climáticos y las decisiones que están guiando el desarrollo del sector energético, así como vacíos en la definición de instrumentos, indicadores y mecanismos de seguimiento en algunos componentes.
En conjunto, la NDC 3.0 de México refleja un avance en términos de claridad metodológica y posicionamiento internacional, pero enfrenta el reto de traducir su ambición en una estrategia operativa robusta, capaz de sostener la coherencia entre sus objetivos climáticos, sus prioridades de desarrollo y los medios de implementación necesarios para su cumplimiento.


CALIFICACIÓN: ACEPTABLE
El proceso participativo de consulta abarcó talleres por sector, grupos de trabajo, consultas con múltiples actores. Asimismo, se realizaron en línea e híbridos con el objetivo de llagar a una mayor y mas diversa audiencia. Respectro de los procesos de socializacion de la NDC, México no socializo el anteproyecto, lo que si bien no es un compromiso por el tipo de regulacion que la NDC representa para el pais, es una buena práctica que se ha utilizado para otros proyectos de regulación. Si bien no es una obligación legal, sin duda esto también habría permitido profundizar la participación a nivel nacional, con más actores, y convertirla en un ejercicio no sólo de consulta, sino de liderazgo social, lo que hace sentido por las implicaciones que tiene el cambio climático en comunidades alrededor del país.
CALIFICACIÓN: ADECUADO
México se encuentra con un liderazgo evidente. La NDC 3.0 representa un avance significativo al transitar hacia metas de emisiones absolutas (364-404 MtCO2e al 2035). Este cambio dota al compromiso de mayor transparencia y trazabilidad frente a ejercicios anteriores. La contribución planteada está diseñada para alinearse con la neutralidad de carbono al 2050, fundamentada en un entorno habilitador que busca el mantenimiento y fortalecimiento de los sumideros de carbono naturales. El verdadero reto se encuentra en la implementación y las señales e inversiones en combustibles fósiles que ponen en riesgo el cumplimiento de la meta.
Una evaluación de la NDC 3.0 de México en materia de mitigación debe interpretarse bajo el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas. Un análisis objetivo requiere reconocer que metas globales colectivas, como triplicar la capacidad renovable, deben adaptarse a las circunstancias nacionales y capacidades técnicas de cada economía para garantizar una comparativa regional justa.
Respecto a los objetivos del Balance Global GST1, México proyecta duplicar su capacidad instalada de energía limpia hacia 2035, con una gran proporción de fuentes eólicas y fotovoltáicas. Si bien no se adoptan metas numéricas internacionales idénticas en eficiencia energética o abandono de combustibles fósiles, la narrativa se centra en una transición energética justa y sostenible. Este enfoque asegura que la descarbonización sea progresiva y consistente con la realidad económica del país, apalancando esquemas de financiamiento y cooperación internacional.
¿Es la meta de reducción de emisiones mejor a la anterior? – en términos absolutos
Sí. La NDC 3.0 ratifica el compromiso de la NDC 2.0 de alcanzar una reducción del 35% respecto a un escenario tendencial establecido en la NDC 2.0. Al 2035 se presenta un mayor nivel de ambición con una meta de emisiones absolutas determinada a partir del objetivo de largo plazo de emisiones netas cero para mediados de siglo, y establece una meta absoluta de reducciones de de entre 364 y 404 MtCO2e al 2035 de manera no condicionada, y entre 332 y 363 MtCO2e de forma condicionada. Este compromiso parte de la capacidad del país para mantener e incrementar las absorciones de carbono en los sumideros naturales, estimadas en al menos 200 MtCO2 para el 2030. Por otra parte, la meta de carbono negro también se reformula en términos absolutos, estableciendo una emisión máxima de 40,328 toneladas para 2035.
La meta de reducción de emisiones es progresiva en su ambición y al ser presentado en términos absolutos, da mayor transparencia al compromiso de mitigación del país
¿Está la meta alineada con la reducción de un 45% de las emisiones al 2030 y alineada a la carbono neutralidad 2050?
Para revisar si la meta de reducción de emisiones está alineada con la reducción de un 45% de las emisiones al 2030 y la carbono neutralidad al 2050, es importante separar las preguntas ya que parten de líneas base distintas. El Reporte especial del IPCC de 2018: “Special Report on Global Warming of 1.5, estableció que para 2030 las emisiones deben reducir 45% sobre los niveles de 2010 a fin de alcanzar el límite ideal de 1.5°C de calentamiento; o 25% para 2°C. Mientras tanto, las emisiones neta cero son compromisos que los países establecen hacia mediados de siglo, con líneas de referencia que varían de acuerdo a sus inventarios de gases de efecto invernadero y compromisos internacionales.
El gobierno de México ha hecho una declaración política para alcanzar la neutralidad de carbono a 2050, y esta NDC está diseñada para lograrla. La NDC 3.0 establece un sólido Entorno Habilitador. Esto se refiere a la creación de las condiciones legales, financieras y tecnológicas necesarias para que el país pueda absorber y dirigir la inversión de manera eficiente hacia el cumplimiento de sus compromisos.
¿Está la meta alineada con la trayectoria de 1.5°C?
La NDC 3.0 de México está alineada con la trayectoria de 1.5 °C al plantear una ruta hacia emisiones netas cero en 2050, reforzando la capacidad de absorción de ecosistemas y ampliando medidas de adaptación. La NDC 3.0 advierte que su implementación requiere medios de financiamiento y cooperación internacional para ser consistente con la trayectoria de 1.5 °C.
En relación al para 28 del GST ¿La NDC menciona la triplicación de las ER?
Los resultados del Balance Global en mitigación, mencionan objetivos globales: triplicar la capacidad instalada a 11,000 GW de renovables a 2030, duplicar la eficiencia energética, entre otros. La NDC 3.0 de México plantea ampliar la participación de energías limpias y renovables en 38.5% al 2030 y un 43.3% en 2035 (principalmente de fuentes eólicas y fotovoltaicas). Tomando en consideración las condiciones tecnológicas, de infraestructura, innovación y tecnología disponible, la capacidad instalada se duplica pasando de 93 GW(2024) a 189 GW (2035) en su mayoría por energías renovables (+110GW).
En relación al para 28 del GST ¿La NDC menciona la duplicación de la EE?
Aunque México en su NDC 3.0 se compromete a la neutralidad de carbono en 2050 y a mayores reducciones al 2030, no adopta la meta de duplicar la eficiencia energética como parte de su contribución oficial. No obstante, sí contempla diversas medidas y líneas de acción en distintos sectores que contribuyen al fortalecimiento de la eficiencia energética como parte de su estrategia de mitigación.
En relación al para 28 del GST. ¿La NDC menciona la transición fuera de los combustibles fósiles?
Menciona la “transición justa hacia una economía sostenible”, reconociendo así, la importancia de descarbonizar todos los sectores de la economía y reducir la dependencia de hidrocarburos.
CALIFICACIÓN: EN PROCESO
La NDC 3.0 de México posiciona la adaptación como un pilar estratégico para reducir la vulnerabilidad estructural del país frente al cambio climático, reconociendo que los impactos ya son presentes, diferenciados y crecientes en el territorio. En este contexto, el componente de adaptación se articula en seis ejes estratégicos: (i) población y territorio; (ii) sistemas productivos y seguridad alimentaria; (iii) biodiversidad y servicios ecosistémicos; (iv) gestión hídrica; (v) infraestructura estratégica y patrimonio cultural; y (vi) seguridad y cambio climático. De estos, los primeros cinco dan continuidad y profundizan lo establecido en la NDC anterior, mientras que el eje de seguridad y cambio climático es nuevo y propone una innovación que amplía el alcance de la adaptación hacia la gestión de riesgos complejos y la estabilidad social y territorial.
El enfoque adoptado es territorial e intersectorial, al articular medidas que van desde la identificación de vulnerabilidades, mediante la actualización del Atlas Nacional de Vulnerabilidad y el fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana, hasta la transformación de los sistemas productivos y la protección de la infraestructura crítica. La integración de prácticas agroecológicas, economía circular, soluciones basadas en la naturaleza y mecanismos de gestión del agua refleja una respuesta que reconoce la interdependencia entre los ecosistemas, el bienestar social y las actividades económicas. Asimismo, la incorporación del eje de seguridad y cambio climático amplía el alcance de la adaptación hacia la prevención de conflictos socioambientales y la estabilidad territorial, posicionando la resiliencia como un elemento central de la gobernanza nacional.
Un elemento central del análisis es la alineación de los objetivos de adaptación con las metas internacionales en materia de biodiversidad y clima. Al respecto, la meta de alcanzar la deforestación neta cero hacia 2030 se incorpora explícitamente y es consistente con el párrafo 33 del GST1. En cuanto al GBF, en el eje C (biodiversidad y servicios ecosistémicos) se incluyen acciones orientadas a la restauración de ecosistemas, la protección de manglares y humedales, y la implementación de soluciones basadas en la naturaleza, que reflejan una convergencia, aun cuando esta articulación no se expresa de manera explícita.
Al respecto de los indicadores, si bien la NDC 3.0 no establece un conjunto definido, sí define una hoja de ruta clara para su desarrollo. El documento exige la identificación y construcción de indicadores en el marco de la futura Política Nacional de Adaptación, actualmente en elaboración, y del sistema MRV asociado. Este se construirá a partir de plataformas existentes, como el Atlas Nacional de Vulnerabilidad y el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica, así como del uso de datos desagregados que permitan capturar impactos diferenciados. Asimismo, se busca fortalecer la trazabilidad de la acción climática mediante métricas de desempeño. Estas permitirán evaluar los avances, identificar brechas y ajustar las intervenciones de manera iterativa.
Por último, mencionar que el componente de adaptación integra la perspectiva de género, los derechos humanos, la equidad intergeneracional y el reconocimiento de los conocimientos tradicionales entre sus enfoques de acción. Estos principios buscan asegurar que las medidas respondan a las realidades de las poblaciones más vulnerables y promuevan una distribución equitativa de los beneficios. En este sentido, la adaptación se concibe como un proceso que contribuye a la justicia climática y al desarrollo resiliente, inclusivo y territorialmente equilibrado.
CALIFICACIÓN: ADECUADO
En la NDC 3.0 de México, la transición justa se integra como un eje específico (Eje D. Transición justa hacia una economía sostenible) dentro del componente de temas transversales. Este apartado establece las bases para transitar hacia un modelo de desarrollo que respete los límites planetarios y promueva la prosperidad compartida, reconociendo que la acción climática implica transformaciones estructurales que trascienden el sector energético y abarcan el conjunto de las actividades productivas. El enfoque adoptado es integral y centrado en la justicia social, abarca tanto el componente de mitigación como el de adaptación, con el objetivo de reducir los posibles impactos negativos y maximizar los beneficios socioeconómicos de la transición. No obstante, el eje no aborda de manera directa la transición energética ni el cambio en las fuentes de energía; es decir, no incluye una discusión específica sobre descarbonización.
En línea con la definición de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la transición justa se entiende como el proceso de ecologizar la economía de manera inclusiva, promoviendo el trabajo decente y asegurando que nadie se quede atrás. En este sentido, el eje busca garantizar una distribución equitativa de los costos y beneficios de la transición, evitando profundizar desigualdades y priorizando la recapacitación y reconversión laboral, particularmente para trabajadores de sectores intensivos en emisiones.
Para su implementación, el documento se refiere a un conjunto de instrumentos y políticas orientados a operacionalizar este enfoque. Entre ellos, destaca el desarrollo de un Plan Nacional de Transición Justa, basado en el diálogo tripartito entre gobierno, sector privado y trabajadores, para anticipar impactos laborales y generar oportunidades de empleo verde. Asimismo, se articula con estrategias de desarrollo económico como Plan México, y con instrumentos transversales como el Plan Estratégico de Género, Derechos Humanos y Cambio Climático, que aseguran la inclusión de poblaciones prioritarias.
De manera complementaria, se contemplan medidas para fortalecer el empleo verde y la responsabilidad social y ambiental, incluyendo el impulso a mecanismos como el pago por servicios ambientales, la adopción de normas de debida diligencia en el sector empresarial y el fortalecimiento de MiPymes, cooperativas y modelos de economía social. Estas acciones buscan ampliar la base productiva de la transición más allá de sectores tradicionales, promoviendo esquemas de desarrollo territorial inclusivo.
Finalmente, el eje plantea ajustes en la gobernanza climática, incluyendo la incorporación de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social en los espacios de toma de decisiones, con el objetivo de asegurar la protección de los derechos laborales a lo largo del proceso de descarbonización y consolidar un enfoque de transición que sea no solo ambientalmente sostenible, sino también socialmente justa.
Vale mencionar que la NDC de México, en su componente de mitigación, sitúa a la energía como un eje central, destacando el aumento de la participación de energías limpias, particularmente en el sector eléctrico, como una de las principales vías para impulsar la descarbonización. Asimismo, el documento plantea el desarrollo de rutas de descarbonización a nivel sectorial, que orientan las acciones de distintos sectores hacia la reducción de emisiones y su alineación con el objetivo nacional de alcanzar emisiones netas cero a mediados de siglo.
CALIFICACIÓN: ACEPTABLE
En la NDC 3.0 de México, el financiamiento se posiciona como un elemento habilitador central para la implementación y el aumento progresivo de la ambición climática. El documento distingue claramente entre compromisos no condicionados, que se sustentan en recursos nacionales, y metas condicionadas, cuya consecución depende de la disponibilidad de financiamiento internacional, de la transferencia de tecnología y del fortalecimiento de capacidades. México plantea una meta no condicionada que lo llevaría a alcanzar emisiones netas en un rango de 364 a 404 MtCO2e para 2035, y una meta condicionada más ambiciosa que permitiría reducirlas a entre 332 y 363 MtCO2e. Este diferencial de ambición está directamente vinculado a la movilización de financiamiento internacional. México, además, contempla la participación en enfoques cooperativos bajo el Artículo 6 del Acuerdo de París como una vía para movilizar recursos hacia medidas de alto costo, en coherencia con sus trayectorias nacionales de descarbonización
En cuanto al costo de las medidas establecidas en las NDC, si bien no se presenta un desglose detallado, sí se cuenta con una estimación preliminar y una hoja de ruta para su desarrollo. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público dispone de una estimación macroeconómica que sitúa las necesidades de inversión en aproximadamente 1.7 billones de pesos anuales hacia 2030 (equivalente al 5.4% del PIB de 2023). A partir de esta base, se prevé que el Programa Especial de Cambio Climático (PECC) 2026–2030 será el instrumento encargado de precisar los costos, los plazos de ejecución y las responsabilidades institucionales.
La NDC articula una visión del sistema financiero internacional que trasciende la provisión de recursos y apunta hacia la necesidad de un cambio estructural. En este marco, se plantea que el financiamiento climático debe ser predecible, estratégico y transparente, y alinearse con los objetivos del Acuerdo de París. Asimismo, se enfatiza que los países desarrollados deben cumplir con sus compromisos de apoyo, en reconocimiento de sus responsabilidades históricas, y que los grandes emisores deben realizar esfuerzos acordes con su contribución a las emisiones globales. En conjunto, esta visión posiciona al financiamiento como un componente central para habilitar una transición climática efectiva, equitativa y alineada con los principios de responsabilidades comunes pero diferenciadas.
CALIFICACIÓN: ACEPTABLE
La NDC 3.0 cuenta con la inclusión de la mayoría de los elementos críticos evaluados, salvo menciones a Indicadores de adaptación y una propuesta de necesidades de transferencia de tecnología. La NDC debe establecer los compromisos de reducción de GEI nacionales y sectoriales. Es dentro de la legislación nacional e instrumentos de planeación sectorial, por ejemplo, el Programa Especial de Cambio Climático, donde se detallan las líneas de acción.




