SB64 marcó un momento clave en el camino hacia la construcción de una Transición Justa global. En Bonn, las negociaciones climáticas dejaron una señal contradictoria: mientras existe un mandato político creciente para avanzar hacia un mecanismo capaz de responder a las necesidades de los países y comunidades más afectadas por la crisis climática, los desacuerdos entre las Partes siguen retrasando las decisiones necesarias. Con la mirada puesta en la COP31 y en la puesta en marcha del Mecanismo para la transición justa de Belém–Antalya (BAM), el mensaje desde la sociedad civil es claro: el tiempo avanza y las respuestas no pueden seguir postergándose.
Por: Javier Dávalos
Quienes llegamos a Bonn para participar en las negociaciones de la semana climática (SB 64), previas a la COP 31 de finales de este año, sabíamos que este sería un momento decisivo para el futuro del Mecanismo para la transición justa de Belém–Antalya (BAM).
Después del impulso histórico de Belém, donde movimientos sociales, sindicatos, pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes, juventudes y organizaciones de la sociedad civil lograron que las Partes reconocieran la necesidad de un mecanismo global para apoyar transiciones justas reales, con derechos humanos, laborales, colectivos e indígenas como base, en la SB64 de Bonn quedó claro que algunos países no están dispuestos a avanzar al ritmo que exige la crisis climática.
Desde la perspectiva latinoamericana, el retroceso es especialmente preocupante. Nuestra región fue clave para que el BAM naciera, y hoy somos también quienes más necesitamos un mecanismo capaz de movilizar cooperación, asistencia técnica y financiamiento para transiciones que protejan derechos, empleo y territorios. Pero en Bonn, las discusiones se empantanaron en desacuerdos procedimentales y disputas sobre el mandato, dejando de lado lo esencial: cómo construir un mecanismo que funcione para la gente.

Un bloqueo político que revela prioridades
Durante las SB64, países del Norte Global como Japón y el Reino Unido insistieron en que antes de desarrollar el BAM debía hacerse un “mapeo” del trabajo existente sobre transición justa dentro del sistema de la ONU. En apariencia, suena razonable. En la práctica, fue una táctica dilatoria que frenó el avance del mecanismo.
A esto se sumó una postura aún más problemática: varios países desarrollados afirmaron que el mandato del BAM debía limitarse a intercambio de conocimientos, ignorando la demanda central del Sur Global:
que el mecanismo incluya medios de implementación, financiamiento y asistencia técnica para transiciones justas reales. Sin recursos, sin apoyo técnico y sin capacidad de movilizar cooperación, el BAM sería un cascarón vacío.
La justicia climática no puede esperar
La realidad es clara: una Transición Justa global requiere redirigir recursos desde el Norte Global y desde las industrias contaminantes hacia los países y comunidades que enfrentan los mayores impactos. Ese financiamiento debe ser directo, basado en donaciones, no generador de deuda y guiado por principios de reparación, justicia racial y derechos colectivos.

Lo que nos da esperanza
Mientras el BAM quedó estancado, las negociaciones sobre el Just Transition Work Programme (JTWP) sí lograron un acuerdo sobre los términos de referencia para su revisión, que se realizará en COP31. También se discutieron los mensajes del quinto diálogo del JTWP, centrado en agricultura y océanos, donde intervenciones de la sociedad civil recordaron que la agroecología, la soberanía alimentaria y los conocimientos ecológicos tradicionales son esenciales para cualquier transición justa.
Una nota informal que enciende alarmas
Ante la falta de acuerdo, los co-facilitadores del JTWP publicaron una nota informal que servirá como insumo para la decisión de COP31. Sin embargo, su contenido preocupa: menciona soluciones basadas en la naturaleza, carbono azul, bancos multilaterales de desarrollo y blended finance, todas herramientas que históricamente han generado explotación, despojo y falsas soluciones para comunidades del Sur Global.
Para los pueblos más afectados, estos enfoques no representan justicia climática, sino la continuidad de las prácticas que son falsas soluciones.
El camino a Antalya: no hay tiempo que perder
Quienes seguimos de cerca las negociaciones en Bonn sabíamos que SB64 sería un punto de inflexión para el futuro del BAM. Después del impulso histórico de Belém, donde la Transición Justa se consolidó como un pilar del Acuerdo de París, la expectativa era clara: avanzar hacia la arquitectura operativa del mecanismo y preparar su lanzamiento en Antalya. Sin embargo, lo que vimos en Bonn fue otra cosa: un estancamiento que retrasa el proceso y pone en riesgo la credibilidad del compromiso asumido en COP30.
Para que el BAM esté operativo en 2027, la sociedad civil exige que la transición justa sea priorizada en el trabajo intersesional antes de COP31, con la participación de países en desarrollo y de los titulares de derechos. Belém nos dio el mandato, Bonn nos dado una advertencia y Antalya debe darnos la respuesta.





