Por Verónica Lugo
¿Cómo llega América Latina a la COP30?
La COP30, que se celebrará en Belém do Pará, Brasil, será la primera gran cumbre climática en la Amazonía, un territorio que simboliza tanto la urgencia de la crisis climática como el potencial de soluciones basadas en la naturaleza.
Tras el Informe sobre la Brecha de Ambición Climática de la ONU, el mensaje es claro: los compromisos actuales no son suficientes para limitar el calentamiento global a 1.5 °C. En Belém, se espera que los países acuerden una hoja de ruta para la transición energética justa, respaldada por mecanismos concretos de financiamiento climático y cooperación internacional.
América Latina llega a la COP30 con fortalezas y desafíos. La región es líder en energías renovables, con avances notables en Uruguay, Costa Rica y Chile, y alberga ecosistemas clave para la adaptación y mitigación del cambio climático, especialmente la Amazonía, que por primera vez será el escenario de las negociaciones climáticas.
Sin embargo, la región también enfrenta vulnerabilidades estructurales: altos niveles de pobreza y desigualdad, dependencia de las exportaciones de combustibles fósiles y una creciente exposición a eventos climáticos extremos como sequías, inundaciones y huracanes.
América Latina está en una encrucijada histórica: puede consolidar un liderazgo climático basado en justicia social y protección de la biodiversidad, o quedar atrapada en un modelo extractivista que retrase la transición ecológica.

Tres prioridades clave para América Latina en la COP30
En Belém, los países latinoamericanos deben impulsar tres ejes centrales para avanzar hacia un desarrollo bajo en carbono y resiliente:
1. Financiamiento climático justo y accesible
Es urgente reformar los bancos multilaterales de desarrollo, fortalecer los fondos internacionales existentes y crear mecanismos innovadores de financiamiento climático que canalicen recursos hacia adaptación y transición energética sin aumentar la deuda de los países en desarrollo.
2. Transición energética justa e inclusiva
La salida de los combustibles fósiles debe ir acompañada de la creación de empleos dignos, diversificación económica y respeto a los derechos de comunidades locales e indígenas. Además, la minería de minerales críticos para la transición energética no debe convertirse en una nueva forma de extractivismo devastador.
3. Adaptación y resiliencia frente al cambio climático
Es prioritario destinar financiamiento a infraestructura resiliente, protección de ecosistemas clave y sistemas de alerta temprana, entendiendo la adaptación como una inversión en justicia y dignidad, no como un gasto.
La atención estará puesta en la posible implementación del Belem Action Mechanism (BAM), una propuesta de la sociedad civil global para garantizar medios de implementación reales —financiamiento sin deuda, transferencia tecnológica y creación de capacidades— que hagan posible una transición justa en los países en desarrollo.

Las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) en América Latina
Se esperaba que todos los países presenten NDC reforzadas y alineadas con la meta de 1,5 °C. Si bien Brasil aumentó su ambición con una nueva NDC con horizonte 2035, situándose junto con Ecuador entre los pocos países latinoamericanos que la presentaron a tiempo, las tendencias de emisiones regionales siguen siendo preocupantes.
Chile por su parte ha presentado recientemente su nueva NDC y sigue siendo un referente regional en renovables y descarbonización, incluyendo en esta ocasión una meta específica sobre metano. Chile puede consolidar ese liderazgo con metas más estrictas a corto plazo, alineadas con 1,5 °C y con salvaguardas sólidas.
Argentina no ha presentado una actualización este año, con la implementación y la ambición limitadas por presiones macroeconómicas que amenazan con frenar el progreso en mitigación. Colombia está actualizando activamente su NDC para el ciclo 2025–2030, se espera que con una más fuerte ambición. Ambos países hicieron anuncios de sus nuevas metas, pero no han presentado el documento oficial.
Finalmente, México no ha presentado una nueva NDC este año, pero se espera que lo haga durante la COP30, con compromisos más firmes y mecanismos de implementación más efectivos.
Más allá de las promesas climáticas, las NDC latinoamericanas deben servir de guía para la salida de los combustibles fósiles: carbón antes de 2030, gas en 2035 y petróleo en 2040; para la protección de sumideros naturales, deteniendo la deforestación y restaurando suelos y bosques; y, para nuevas mejoradas metas de renovables y eficiencia energética, aumentando la participación de energías limpias y reduciendo la dependencia de fósiles. Finalmente, se requiere salvaguardas socio ambientales técnicas para asegurar que la transición no afecte a los sectores más vulnerables, en temas delicados como la extracción de minerales críticos.
The Climate Reality Project América Latina en la COP30
Desde The Climate Reality Project América Latina, creemos que la región tiene el potencial de liderar con justicia, equidad y resiliencia, mostrando al mundo que otro futuro es posible.
La COP30 no puede ser solo una cumbre simbólica en la Amazonía: debe ser el momento para exigir medios reales de implementación, financiamiento climático adecuado y NDC ambiciosas que reflejen el compromiso de América Latina con la justicia climática.
Nuestra misión en Belém será clara: impulsar soluciones justas y reales a la crisis climática, junto a líderes de toda la región, apoyando a personas y comunidades que trabajan por una transición energética justa y sostenible.
Con la COP30 celebrándose en Brasil, América Latina tiene una oportunidad histórica para transformar la narrativa climática global y pasar de los compromisos a la implementación.




