Radiografía NDC Brasil

NDC Brasil

La Segunda Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) de Brasil para el período 2026–2035 fue presentada en un contexto particularmente relevante para la gobernanza climática global, en vísperas de la COP 30 que el propio país alberga en Belém do Pará. El documento reafirma el compromiso de Brasil con el Acuerdo de París, estableciendo una meta de reducción absoluta de emisiones hacia 2035 y posicionando al país como un actor estratégico en la agenda climática internacional.

La NDC se articula con el Plano Clima y con la construcción de 16 planes sectoriales que orientarán la implementación de las metas de mitigación y adaptación. Asimismo, incorpora elementos discursivos vinculados a transición justa, desarrollo sostenible, biodiversidad y equidad, reforzando la narrativa de que la acción climática debe integrarse con la reducción de desigualdades y la transformación productiva.

Sin embargo, el documento presenta asimetrías importantes entre ambición declarativa y nivel de detalle operativo. Mientras algunos componentes, como adaptación y LULUCF, muestran una arquitectura institucional en consolidación, otros, especialmente financiamiento y participación pública en la formulación, evidencian debilidades en términos de trazabilidad, claridad estratégica y planificación financiera.

En conjunto, la NDC brasileña proyecta liderazgo político y coherencia narrativa, pero enfrenta el desafío de fortalecer su dimensión operativa para garantizar credibilidad y efectiva implementación en el ciclo 2026–2035.

CALIFICACIÓN: ACEPTABLE

Si bien la NDC de Brasil no incluye un apartado específico que documente el proceso de consulta para su elaboración ni presenta metodologías, cronogramas, informes de sistematización o mecanismos de trazabilidad de aportes, el documento sí incorpora referencias explícitas a procesos participativos más amplios vinculados al desarrollo del Plano Clima y de la gobernanza climática nacional.

La NDC señala que el “Climate Plan” y sus instrumentos deberán implementarse de forma “continuous, progressive, coordinated and participatory with all relevant actors”, y menciona la existencia de diálogos multiactor y espacios de articulación entre distintos niveles de gobierno y sociedad. Asimismo, se indica que el Plano Clima está siendo desarrollado mediante “participatory processes and multi-stakeholder dialogues”, y que se reactivó la Comisión Nacional de los ODS con el objetivo de fortalecer el diálogo con la sociedad civil.

No obstante, estas referencias corresponden principalmente al Plano Clima y a mecanismos de política pública posteriores o paralelos a la NDC, y no existe evidencia específica sobre un proceso formal, transparente y verificable de participación para la elaboración de la NDC 3.0 en sí misma. Tampoco se identifican mecanismos que permitan rastrear cómo las observaciones de actores sociales fueron incorporadas al texto final.

Por ello, de acuerdo con los criterios de la matriz, la calificación se ajusta a Aceptable: existe reconocimiento explícito y cierta evidencia de espacios participativos vinculados a la política climática nacional, pero la participación específica de la NDC sigue siendo insuficientemente documentada y carece de trazabilidad.

CALIFICACIÓN: INSUFICIENTE

La NDC establece como meta principal: “Brazil commits to reducing its net greenhouse gas emissions by 59% to 67% by 2035 compared to 2005 levels.” Asimismo, declara que “Brazil’s NDC is aligned with the long-term temperature goal of the Paris Agreement and with efforts to limit warming to 1.5°C.”

Si bien la meta es absoluta y mejora el marco de referencia anterior, el documento no incorpora elementos centrales asociados a la implementación del párrafo 28 del Global Stocktake. No se menciona explícitamente la triplicación de energías renovables, ni la duplicación de la eficiencia energética, ni se establece un compromiso claro de transición fuera de los combustibles fósiles. Tampoco se incluye referencia a la eliminación progresiva de subsidios ineficientes a combustibles fósiles.

En cuanto a la mitigación, la NDC presenta una rango de objetivos de reducción de emisiones, que van de satisfactorios a insuficientes, así como un objetivo de cero emisiones netas para 2050. La NDC y las políticas nacionales son firmes en lo que respecta a la deforestación, con el objetivo de alcanzar la deforestación cero para 2030, que es la mayor fuente de emisiones en Brasil. Sin embargo, prevé un aumento de las emisiones en los sectores energético y agrícola. El país ha puesto en marcha un proceso nacional para trazar una hoja de ruta hacia la eliminación de los combustibles fósiles, pero todavía no hay planes y objetivos claros para su eliminación.

La alineación con 1,5°C es declarativa y no se acompaña de una trayectoria sectorial detallada que permita verificar su coherencia con el presupuesto de carbono compatible con dicho límite. En consecuencia, aunque la meta absoluta representa un avance formal, no cumple de manera integral con los criterios de ambición y coherencia exigidos por la metodología de esta matriz de monitoreo.

CALIFICACIÓN: ADECUADO

En materia de adaptación, la NDC establece que “Brazil will strengthen its adaptive capacity, resilience and reduce vulnerability to climate change impacts.” El documento vincula la implementación de la adaptación al Plan Climático Nacional (Plano Clima) y señala que este incluye 16 planes sectoriales en desarrollo, orientados a integrar la resiliencia en sectores estratégicos.

Además, la NDC reconoce el Objetivo Global de Adaptación y articula la política climática con la reducción de vulnerabilidades sociales y territoriales. Si bien los indicadores específicos aún se encuentran en proceso de consolidación, existe una arquitectura institucional clara, planificación sectorial en construcción y coherencia estratégica nacional.

Esto demuestra que la adaptación no es meramente declarativa, sino que se inserta en un marco programático en desarrollo con respaldo institucional

CALIFICACIÓN: EN PROCESO

La NDC incorpora de manera explícita el enfoque de transición justa e inclusiva. El documento establece que Brasil promoverá una “just and inclusive energy transition”, basada en la equidad, la participación social y la minimización de impactos negativos sobre comunidades, trabajadores y sectores vulnerables a las transformaciones del sistema energético. También vincula la transición con la reducción de desigualdades, la generación de empleo de calidad y el combate a la pobreza.

Asimismo, la NDC menciona la creación de la Política Nacional de Transición Energética, del Plan Nacional de Transición Energética (Plante) y del Foro Nacional de Transición Energética (Fonte), así como diversos instrumentos orientados a apoyar una transformación productiva baja en carbono. Entre ellos se incluyen el marco regulatorio para hidrógeno de bajas emisiones, programas de movilidad limpia y fondos para la transición energética.

Sin embargo, varios de estos instrumentos aún se encuentran en fase de desarrollo y no cuentan todavía con una hoja de ruta plenamente definida. El propio Plan Nacional de Transición Energética aún no ha sido publicado, y la NDC no establece metas concretas, cronogramas ni mecanismos específicos para una eliminación progresiva de los combustibles fósiles. Por el contrario, el documento mantiene una lógica de descarbonización de la exploración de petróleo y gas, en lugar de plantear su reducción o eliminación.

En consecuencia, la transición justa no puede considerarse plenamente adecuada, pero tampoco está ausente. Existe una base institucional y política relevante, con avances normativos y reconocimiento explícito del tema, aunque su implementación concreta sigue pendiente.

CALIFICACIÓN: INSUFICIENTE

Aunque la NDC de Brasil no presenta un costeo integral ni una estimación total de las necesidades de financiamiento para implementar sus metas, sí incluye una serie de instrumentos financieros concretos y recientemente establecidos, lo que justifica elevar la calificación desde Negligente a Insuficiente.

El documento identifica mecanismos específicos como los Bonos Soberanos Sostenibles, el Fondo Clima y el programa Eco Invest Brasil. La NDC señala que Brasil emitió bonos soberanos sostenibles por US$ 2 mil millones en 2023 y otros US$ 2 mil millones en 2024, con la perspectiva de emisiones anuales. También indica que estos recursos se destinarán a control de deforestación, biodiversidad, energías renovables, transporte limpio y programas sociales. Asimismo, el Fondo Clima fue reformulado para financiar energías renovables, movilidad sostenible, eficiencia energética y tecnologías limpias.

La NDC también menciona que los planes sectoriales incluirán “implementation costs, means of financing, monitoring and evaluation”, lo que sugiere una intención de desarrollar instrumentos financieros más detallados en etapas posteriores.

Sin embargo, el documento no presenta montos agregados requeridos para la implementación de la NDC, ni desagrega necesidades de financiamiento por sector, cronograma o medida específica. Tampoco identifica brechas de financiamiento, ni desarrolla una estrategia clara para alinear el presupuesto público, el sistema financiero nacional o la inversión privada con los objetivos climáticos. La mayoría de las referencias financieras permanecen a nivel programático y no permiten evaluar con precisión si los recursos disponibles son suficientes para alcanzar las metas planteadas.

Por ello, aunque existe una arquitectura financiera inicial y varios instrumentos relevantes ya identificados, la falta de una estrategia completa, cuantificada y operacionalizada impide considerar el componente financiero como adecuado.

CALIFICACIÓN: ACEPTABLE

La NDC de Brasil incorpora de manera explícita una meta absoluta de reducción de emisiones, estableciendo “43 per cent by 2030 and 60 per cent by 2035 relative to the 2019 level” y señalando que se trata de “an ambitious, economy-wide, absolute emission reduction target, covering all greenhouse gases, sectors and categories and aligned with limiting global warming to 1.5°C” (p. 43; p. 30). Esto confirma la presencia del elemento relativo a reducción absoluta de GEI.

En materia de transición energética, el documento dedica una sección específica titulada “Energy transition”, donde indica que Brasil responderá al llamado del GST y desarrolla instrumentos como el “National Energy Transition Plan (Plante)” y el “National Energy Transition Forum (Fonte)” (p. 30; p. 32). Asimismo, menciona marcos regulatorios como el “Legal Framework for Low-Emission Hydrogen” y la “National Energy Transition Policy” (p. 32), lo que evidencia una propuesta estructurada de transición energética.

En el sector LULUCF, la NDC detalla acciones como el “Action Plan for the Prevention and Control of Deforestation in the Amazon (PPCDAm)” y la actualización del “National Plan for the Recovery of Native Vegetation (PLANAVEG)” (p. 33–34), incluyendo datos concretos de reducción de deforestación en Amazonía y Cerrado (p. 34). Esto confirma la presencia del componente de transición del sector uso de suelo y protección de ecosistemas.

En adaptación, el documento señala que “national adaptation planning has been summarized and is being consolidated in the National Adaptation Strategy, along with 16 Sectoral Thematic Plans” alineados con el Global Goal on Adaptation (p. 35). Esto evidencia la inclusión de indicadores y planificación sectorial de adaptación.

En cuanto a medios de implementación, la NDC reconoce que “finance, capacity building and technology transfer are critical enablers of climate action” y hace referencia a mecanismos como la “Sustainable Sovereign Bonds” y el “Climate Fund” (p. 19; p. 35). No obstante, aunque existen instrumentos financieros, el documento no presenta un costeo integral y desagregado de las acciones de la NDC.

Finalmente, si bien se menciona el tema de “Loss and Damage” en el marco de las decisiones del GST (p. 35), no se desarrolla un componente sustantivo nacional en esta materia.

En conjunto, la NDC incorpora siete de los ocho elementos críticos evaluados. Sin embargo, la profundidad es desigual, particularmente en pérdidas y daños y en el nivel de detalle del costeo. Por ello, la calificación de elementos críticos se mantiene como Aceptable: amplia en cobertura, pero no plenamente robusta en todos sus componentes estratégicos.

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