COP 30: conclusiones

Por Verónica Lugo

La COP 30 concluyó con un mensaje mixto: con avances relevantes en el terreno de la transición justa, pero con vacíos críticos en financiamiento, adaptación y la imprescindible salida de los combustibles fósiles. Tanto organizaciones latinoamericanas como redes internacionales coinciden en que Belém no ofreció la respuesta política que el momento climático exige.

Avances importantes, decisiones insuficientes, lo que realmente dejó el cierre de Belém

La COP 30 terminó dejando una sensación conocida: se avanzó en procesos, pero no en las decisiones capaces de cambiar el rumbo de la crisis climática. Pese a la expectativa generada por llegar a Belém, un lugar simbólico para la justicia ambiental y los pueblos de la Amazonía, el resultado final fue un paquete climático sin la ambición que exigen la ciencia, los movimientos climáticos y las propias comunidades más vulnerables.

Tanto organizaciones latinoamericanas como redes internacionales coincidieron en una misma lectura: Belém abrió puertas, pero sin la fuerza política necesaria para sostener la trayectoria de 1.5°C. Este cierre ha sido descrito como un mutirão sin fuerza, un esfuerzo colectivo valioso pero debilitado por la falta de compromisos concretos.

Transición justa: avances importantes pero sin una hoja de ruta vinculante

Uno de los puntos más destacados en estas COP 30 conclusiones fue la adopción del Mecanismo de Transición Justa. Este nuevo instrumento es considerado un hito por integrar principios de derechos humanos y justicia social dentro del régimen climático. Sin embargo, su potencial quedó limitado por la ausencia de financiamiento público y de un calendario de implementación. Sin compromisos obligatorios, el mecanismo corre el riesgo de quedarse en una declaración de buenas intenciones más que en una herramienta real para transformar la economía hacia un modelo más justo y sostenible.

Un Mecanismo de Transición Justa sin garantías de implementación

Aunque la creación del mecanismo fue celebrada, las organizaciones advierten que todavía falta un plan realista para su puesta en marcha. La ausencia de financiamiento específico, metas claras y mecanismos de rendición de cuentas provoca que este avance, aunque importante, permanezca incompleto. Sin una hoja de ruta vinculante, los principios de justicia social y derechos humanos pueden quedarse en el papel sin llegar a transformar la vida de las comunidades.

Financiamiento climático: la mayor deuda de la COP 30

El financiamiento climático fue el mayor punto débil y la principal línea de tensión en la COP 30. Las discusiones evitaron definir claramente las responsabilidades históricas de los países desarrollados, especialmente en torno al Artículo 9.1 y al objetivo de 300 mil millones del nuevo marco de financiamiento. Esta falta de claridad diluyó obligaciones clave y dejó sin rumbo una parte esencial del acuerdo, que es indispensable para garantizar justicia climática y permitir que los países en desarrollo aumenten su ambición climática. Sin recursos concretos y previsibles, cualquier avance técnico o político queda incompleto.

Adaptación en la COP 30: indicadores frágiles y metas insuficientes

En materia de adaptación, las COP 30 conclusiones también fueron insuficientes. Los indicadores aprobados resultaron técnicamente frágiles, difíciles de medir y sin un proceso robusto de seguimiento. Además, el punto de partida hacia 2025 quedó muy por debajo de lo que se necesita, y la ausencia de una referencia explícita al Objetivo Global de Adaptación representa un retroceso en términos de rendición de cuentas. Las comunidades más vulnerables siguen sin recibir garantías reales para enfrentar los impactos de un clima cada vez más extremo.

Energía y combustibles fósiles: la gran ausencia del acuerdo final

El vacío más preocupante del texto final fue la falta de una hoja de ruta clara para la eliminación progresiva de los combustibles fósiles. A pesar de la urgencia científica y de las propuestas impulsadas desde América Latina, el acuerdo no incluyó una señal política fuerte para abandonar el petróleo, el gas y el carbón. Esta omisión constituye una de las mayores decepciones de la COP 30, ya que sin una transición energética concreta no será posible cumplir con los objetivos climáticos globales.

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