La Conferencia de Santa Marta emerge como uno de los espacios más relevantes del año para discutir el futuro de la transición energética global. Su objetivo central es abrir un diálogo político de alto nivel sobre cómo acelerar la salida de los combustibles fósiles, articulado en torno a tres pilares estratégicos: superar la dependencia económica del petróleo, gas y carbón; transformar la oferta y la demanda energética; y fortalecer la cooperación internacional y el multilateralismo.
Estos ejes buscan abordar simultáneamente las raíces estructurales del problema, las dinámicas del mercado energético y la necesidad de una arquitectura internacional más coherente para enfrentar la crisis climática de manera justa, equitativa y ordenada.
La principal barrera para la transición ya no es tecnológica ni económica, sino política. La industria fósil ha capturado procesos de toma de decisiones en múltiples países, ha inundado medios y redes con desinformación y ha bloqueado avances en cumbres climáticas. En la COP30, más de 80 países pidieron una hoja de ruta para la transición fósil, pero la decisión final ni siquiera mencionó el principal motor de la crisis climática debido a la oposición de un pequeño grupo de petroestados. Santa Marta ofrece una vía alternativa: un espacio donde la ambición no dependa del veto de quienes buscan frenar el cambio.
El camino recorrido para llegar a Santa Marta
Tras el fracaso de la COP30 en Belém para consensuar un acuerdo robusto sobre combustibles fósiles, Colombia emitió un llamado para que los países adoptaran metas claras, coherentes con la ciencia y con cronogramas orientadores para una transición justa. Así nació la Conferencia de Santa Marta: un espacio para retomar el impulso político perdido y para explorar, sin las restricciones procedimentales del sistema multilateral, la posibilidad de avanzar hacia un futuro tratado internacional sobre combustibles fósiles y aportar pasos concretos a la hoja de ruta que Brasil se comprometió a generar al finalizar la COP30.
A diferencia de las COP de Naciones Unidas, este espacio no está vinculado al sistema multilateral de la ONU, que enfrenta bloqueos estructurales: la dificultad para alcanzar consensos entre casi 200 países, la influencia de los intereses fósiles en las negociaciones y el uso unilateral de la fuerza en conflictos que desestabilizan mercados energéticos y alimentarios. La reciente guerra en Irán, que ha estrangulado los flujos globales de petróleo, disparado la inflación y amenazado la seguridad alimentaria de miles de millones, sumado a las intervenciones en Venezuela y Ucrania, recuerdan que la dependencia fósil es también una amenaza geopolítica directa.
En este contexto, la Conferencia de Santa Marta se presenta como un espacio más ágil, con menos restricciones procedimentales y con la posibilidad de ensayar nuevas formas de cooperación entre países dispuestos a avanzar más rápido.
Una oportunidad estratégica para América Latina y el multilateralismo global
Para América Latina, la Conferencia de Santa Marta representa una oportunidad para discutir alternativas energéticas más allá de los combustibles fósiles, cuya expansión no resuelve los problemas estructurales de la región, sino que aumenta su vulnerabilidad en un contexto internacional cada vez más inestable. En un escenario marcado por tensiones geopolíticas y por el debilitamiento de los marcos de cooperación internacional, la transición energética enfrenta desafíos reales que deben ser considerados. La región ocupa una posición ambigua: es productora, exportadora y depende en gran medida de los combustibles fósiles. Esta condición genera limitaciones para avanzar en la transición. Al mismo tiempo, América Latina cuenta con un enorme potencial en energías renovables, así como con biodiversidad, comunidades y ecosistemas altamente vulnerables, lo que hace indispensable abordar la transición considerando la mitigación y la adaptación al cambio climático, así como los derechos de las personas y la naturaleza.
Además, la caída acelerada de los costos de la energía solar, eólica y del almacenamiento ha convertido a las renovables en la forma más barata de nueva electricidad en la mayoría de los países. A diferencia de los combustibles fósiles, cuya disponibilidad y precio dependen de mercados internacionales y contextos geopolíticos, las energías renovables permiten generar electricidad con recursos locales, reduciendo la dependencia externa y fortaleciendo la seguridad energética.
La transición energética ya no es solo una cuestión climática: es una cuestión de seguridad económica y estabilidad política. Con 50 países confirmados, que representan una parte significativa de la producción y consumo global de combustibles fósiles, la conferencia puede generar un espacio político con suficiente masa crítica para impulsar un mandato hacia una segunda edición en la que se inicie la negociación de un tratado sobre combustibles fósiles. Si este grupo logra consensuar principios básicos y pasos concretos para la transición justa, podría enviar una señal contundente a mercados, gobiernos y organismos multilaterales.
Nuestras propuestas y un llamado a la acción
En este contexto, The Climate Reality Project estará en Santa Marta con el objetivo de promover tres soluciones clave para acelerar la salida global de los combustibles fósiles:
- Reducción de la influencia de la industria fósil en la gobernanza climática, mediante normas de transparencia y conflicto de intereses que impidan la influencia del sector fósil y fortalezcan el papel de la ciencia, los derechos humanos y la equidad de género.
- Fin de la narrativa del gas fósil como energía de transición, alineando decisiones energéticas con la evidencia científica sobre emisiones, riesgos de bloqueo tecnológico y activos varados, y eliminando cualquier categorización del gas como “verde”, “sostenible” o “de transición”.
- Eliminación de subsidios a los combustibles fósiles, una medida urgente para liberar recursos públicos y corregir las distorsiones económicas que impiden la transición. Más de un billón de dólares se destinan cada año a sostener la industria fósil, recursos que agravan la crisis climática, fortalecen intereses privados y dejan a las comunidades más vulnerables expuestas a costos energéticos crecientes.
Sobre este último punto, invitamos a la acción, para que los 17 países de la Coalición para la Eliminación de Incentivos a los Combustibles Fósiles, incluidos los Subsidios(COFFIS, por sus siglas en inglés), demuestre que sus compromisos asumidos en 2023 se traducen en acciones reales. Por eso, firma nuestracarta abierta dirigida a los países miembros de COFFIS, exigiendo que dejen de aplazar decisiones y asuman el liderazgo necesario para poner fin a los subsidios a los combustibles fósiles e invertir en energía limpia, asequible y abundante. La carta pide acciones claras: no más retrasos en la publicación de inventarios anuales y planes de eliminación; no a nuevos subsidios que desvían fondos públicos hacia una industria con ganancias extraordinarias; sí a la eliminación inmediata de subsidios a la exploración y producción; sí a mecanismos de protección social como transferencias directas y fondos de responsabilidad estricta; y sí a impuestos sobre ganancias extraordinarias para financiar una transición justa.
Es el momento de exigir coherencia, transparencia y acción. Santa Marta puede marcar la diferencia si quienes tienen el poder de decidir escuchan la voz colectiva que pide un futuro energético justo y seguro.




